El blog de El Rincón de Mindfulness

Tres elementos a tener en cuenta para la práctica de Mindfulness

Aquí tienes tres simples elementos que puedes tener en cuenta a la hora de practicar. Esperamos que os sean de utilidad.

 

 

 

Lo normal es divagar

 

Lo importante en la práctica no es alcanzar un determinado nivel, ni llegar a un estado de bienestar determinado. Ni siquiera es marcarse el objetivo de gozar de una buena meditación. En la práctica no debemos entrar con objetivo alguno, sino con mente de principiante. Si acaso hay algún objetivo en la práctica, es simplemente aprender.

 

Así, si mantenemos la respiración como ancla, objeto de atención, el objetivo no es permanecer en la respiración durante un largo período de tiempo, sino aprender cómo es concentrar la atención en la respiración. Si al meditar la mente divaga mucho, entonces aprendamos cuán ocupada está. Si divaga mucho sobre un tema en particular, aprendamos hasta qué punto ese tema está presente en nuestra vida y en nuestra mente y reconozcamos si nos genera emociones que se relejan en nuestro cuerpo. Si la mente se nos llena de ese asunto, aprendamos que, sea lo que sea, necesita de nuestra atención y, así, puedes elegir si deseas o no concentrarte en ello.

 

La mente de todos divaga. Incluso la de las personas que han estado meditando durante 50 años. Es parte de lo que hace el cerebro. De hecho, podríamos argumentar que cuanto más divaga, más oportunidades tenemos de entrenar a la mente para ser conscientes de los “puntos de elección”, para recuperarla suavemente. Lo que practicas y repites se convierte en un hábito, por lo que, con cada meditación, estás fortaleciendo el hábito de elección. Estás siendo un poco más libre.

 

Pon tu corazón en la práctica

 

 

En muchas ocasiones, cuando comenzamos a practicar, nos sentimos confusos. No sabemos si lo estamos haciendo bien o mal, si lo que nos ocurre en la mente y el cuerpo es normal, si nos está sirviendo de algo, si, si, si…

 

Todas esas dudas son normales y todos las sufrimos. Pero debes entender que no son importantes. Lo esencial de la práctica no está en el método, está en el corazón que pongamos en ella.  Si practicas lo haces porque te preocupas por ti mismo y, posiblemente, porque sabes también que será un regalo para quienes te rodean. La calidad de la atención plena implica una curiosidad relajada y mucha ternura. Es como si nos inclináramos ante la vida en sí, desde el corazón, ya sea que la atención esté en la respiración, en el cuerpo o en cualquier percepción sensorial, con cuidado y autocompasión.

 

 

Agradécete mucho

 

 

No tengas dudas. Cada vez que practiques, agradécetelo. Cuando termines, reconócete el esfuerzo de haberte tomado un rato para ti, para tu propio agradecimiento, tu salud y tu bienestar. Si lo haces, tu memoria estará registrando que te importas lo suficiente para prestarte atención a ti mismo, generando así ese tipo de energía cariñosa y compasiva que tanto cura.