Blog El Rincón de Mindfulness entrena tu mente

Entrena tu mente para trabajar de manera más inteligente

 

La vida laboral está llena de desafíos que pueden agotarnos y crear estrés. Tara Healey, del Harvard Pilgrim Health Care, sugiere cuatro formas de hacer que nuestras rutinas de trabajo sean más conscientes.

 

 

La cultura de la empresa. Un jefe dictatorial. Las emociones de los compañeros de trabajo rebotando arriba y abajo y de un lado a otro. Herramientas de alta tecnología que sacan versión tras versión. Una economía incierta y un mercado laboral volátil. Elevados niveles de expectativa. Falta de una adecuada dirección. Mucho que hacer. Muy poco tiempo. No dormir lo suficiente…

 

 

Ya sea que trabajes en un entorno tradicional o en uno supertecnológico, solo o en un mar de cubículos, la vida laboral está llena de desafíos. La mayoría de nosotros terminamos, casi sin darnos cuenta, atrapados por unos gastos que se han ido generando según hemos ido generando los ingresos que recibimos de nuestros trabajos. Pero, más allá de eso, también nos levantamos cada día y vamos a trabajar porque sentimos ese deseo real de contribuir al bien común. Alejarse del trabajo no es una opción para la mayoría de nosotros, por lo que nos animamos y nos lanzamos, día a día, a los desafíos del lugar de trabajo. Algunos de nosotros nos sentimos bien, exitosos y satisfechos.

 

 

Pero muchos de nosotros no estamos contentos en el trabajo. Nos sentimos estresados ​​y, muy posiblemente, confundidos. Por fuera puede parecer que somos productivos, pero por dentro el trabajo se ha convertido en un lastre secreto (o no tan secreto). Eso no es bueno ni para nosotros ni para las personas con las que estamos trabajando.

 

 

Entonces, ¿por dónde comenzamos si queremos mejorar nuestra vida laboral? Lo mejor sería comenzar con la mente. Pregúntate: ¿Qué sucede en mi mente a medida que las horas de trabajo pasan, día tras día? ¿Mi mente trabaja al máximo?

 

 

La mente contiene recursos y posibilidades incalculables: creatividad, amabilidad, compasión, perspicacia, sabiduría… Es un almacén de tremenda energía y empuje. Y, sin embargo, también puede ser un lastre natural, un animal salvaje o una piedra de molino que nos arrastra hacia abajo. A veces nos gustaría simplemente apagarla para que podamos hacer algo de trabajo o tener un momento de paz. Sin embargo, nuestra mente es lo único que no podemos apagar. Entonces, ¿por qué no aprovecharlo al máximo? ¿Por qué no darle un buen uso? A través de la atención plena, podemos entrenar nuestras mentes para trabajar mejor.

 

 

Al entrenarnos para que prestemos atención, momento a momento, a dónde estamos y a lo que estamos haciendo, Mindfulness puede ayudarnos a elegir cómo nos comportaremos, empujándonos (o sacudiéndonos) fuera del modo de piloto automático. Aquí hay algunas sugerencias sobre cómo llevar la atención plena a nuestro lugar de trabajo. Esto no solo nos dará un poco de alivio del estrés; sino que también, en realidad, puede cambiar, incluso transformar, el modo en el que trabajamos.

 

 

 

Cuatro maneras de crear una rutina de trabajo más consciente

 

 

1) Mantén la mente abierta

 

¿Vemos lo que realmente hay o lo que experimentamos se filtra a través de nuestros propios pensamientos y preconceptos? Tal vez deberíamos comprobar cómo estamos viendo antes de intentar cambiar lo que estamos viendo. Primero, debemos asegurarnos de que nuestra lente esté clara.

 

 

Gran parte del sufrimiento y la incomodidad que experimentamos en el trabajo, y en nuestra vida en general, se deriva de nuestros puntos de vista, opiniones e ideas profundamente arraigados, que se convierten en lentes a través de los cuales percibimos los eventos de nuestras vidas. Sin duda, la maquinaria de percepción que cada uno de nosotros ha desarrollado nos ha servido en su mayor parte, guiándonos y apoyándonos en las coyunturas críticas. Pero la carga de adherirse a establecer patrones de percepción mientras lidiamos con el drama y las minucias de la vida cotidiana puede ser limitante y, francamente, una invitación a la miseria.

 

 

Cuando estamos convencidos de que las cosas deberían ser de cierta manera y no lo son, sufrimos. Cuando alguien se niega a actuar como creemos que debería, sufrimos. Cuando no obtenemos lo que queremos, cuando lo deseamos, o cuando obtenemos lo que no deseamos, en cualquier momento, lo has adivinado: sufrimos. El lugar de trabajo, un microcosmos de la vida en su totalidad, está lleno de oportunidades para marchar directamente hacia el sufrimiento. Lo que necesitamos explorar es si nuestra angustia realmente se deriva del lugar de trabajo o, en cambio, de cómo aplicamos nuestras formas predeterminadas de percibir los desafíos que enfrentamos en el trabajo.

 

 

La mente intentará forzar cualquier situación que encuentre tratando de hacerla converger con sus formas favoritas de percepción y reaccionará con angustia cuando encuentre resistencia. Hace muchos años tuve un compañero de trabajo que constantemente me enfurecía. Tenía una forma de hacer las cosas que se me metían debajo de la piel. Pensaba para mí: “Si ella actuara de esta otra manera en lugar de hacerlo de la manera en que lo hace, todos seríamos más felices y más productivos”. Y este pensamiento me asaltaba cada día, casi cada hora.

 

 

Por supuesto, lo que realmente sentía era que si ella actuaba como yo quería, yo sería más feliz y productiva. Estaba buscando la comodidad de lo familiar y de lo esperado y, simplemente, anhelaba que mi compañero de trabajo actuara de la manera que satisfaciera mis necesidades. Sin embargo, tan pronto como me di cuenta de que estaba atrapada en una forma particular de percepción, descubrí que podía alterar mi percepción y aplicar una elección real a lo que sentía por ella. Y cuando la elección entró en la ecuación, rápidamente me di cuenta de que ya no necesitaba que cambiara mi colega, porque lo había hecho yo.

 

 

Puede ser bastante difícil ser de mente abierta hacia los demás, pero es aún más difícil ser de mente abierta hacia uno mismo. Se necesita entrenamiento real, para lo que es necesario mantenerse siempre curioso, atento y receptivo.

 

Cada vez que te descubras cayendo en un viejo y familiar patrón, detente y examina lo que realmente está sucediendo. Nota las sensaciones físicas en tu cuerpo; nota las emociones que han florecido; observa qué historias está generando tu mente y que tensan tu cuerpo e inflaman tus emociones. Pero es importante no menospreciarse por caer en un patrón viejo y poco útil. Reconoce la carga negativa, potencialmente explosiva, generada por tu cuerpo, por tus pensamientos y por tus emociones. Acepta que todo ello ha surgido y luego toma la decisión de controlarlo en lugar de ser controlado por ello.

 

 

2) Aprende a responder, en lugar de reaccionar

 

 

Los inflexibles patrones de nuestra percepción inevitablemente resultan demasiado limitados, demasiado confinados, e insuficientes para todo lo que nuestras mentes necesitan abarcar y alcanzar. Los patrones inflexibles de reacción nos exprimen la vida. Cada uno de nosotros tiene sus propios escenarios de irritación y malestar. Cuando aparecen, amenazan con despertar los celos, la ira, la actitud defensiva, el esfuerzo sin sentido y un guiso de muchas más posibilidades. Podemos terminar diciendo o haciendo algo hiriente, algo de lo que nos arrepentiremos más tarde y de lo que tendremos que disculparnos. Saltamos antes de mirar si hay agua.

 

 

Por el contrario, cuando nos detenemos para examinar cómo respondemos típicamente a situaciones, creamos espacio para respuestas más creativas y flexibles. En última instancia, a medida que desarrollamos el hábito de examinar atentamente nuestras respuestas en el momento, la conciencia plena se convierte en nuestro nuevo modo predeterminado.

 

 

Tomemos un ejemplo que espero no sea muy familiar. Has estado trabajando incansablemente con un compañero de trabajo en un proyecto, pero cuando llega el momento de recibir elogios por el éxito del proyecto, tu socio logra tomar todo el crédito. Ahora estás entrando en ese momento decisivo cuando tienes la oportunidad de convertirte en maestro de tus reacciones. O, para decirlo de otra manera, para conocer tu experiencia.

 

 

Tomar conciencia del impacto que el desprecio ha tenido en ti es el primer paso. Separarse de uno mismo lo suficiente como para permitirte examinar, libre de reacciones de memoria, cómo tu cuerpo, tus emociones y tus pensamientos se combinan para preparar una respuesta.

 

 

Al desacoplar lo que sucede de tu reacción de lo que está sucediendo, lo más probable es que evites que la experiencia te deje llevar y, en cambio, demostrarás que eres capaz de adelantarte.

 

 

Al examinar tus pensamientos, probablemente verás cómo se da forma a una historia, algo así como que tú fuiste el que llevó a cabo heroicamente el proyecto, solo para que te lo robaran en el último minuto. Cuando puedas ver esta narración, de forma que en vez de ser su mero lector, puedas ser su protagonista, estarás en disposición de dejar que se evapore. Puedes notar cómo el corazón palpitante, las palmas sudorosas y los hombros apretados que acababas de experimentar, se van diluyendo junto con la historia que has logrado soltar. Cambias suavemente a un estado más relajado y, como resultado, más seguro. Los estados del ser, que pueden parecer tan permanentes y monumentales, en realidad no son estáticos. Cambian de un momento a otro, y pueden cambiar en respuesta a nuestra conciencia de ellos. Es sorprendente la facilidad con que una mueca puede transformarse en una sonrisa.

 

No es necesario asumir que el autoexamen consciente significa que debes permitir que tu compañero de trabajo pueda quedarse con el crédito cuando no debe. Más bien, tu objetivo es permitirte responder de una manera nueva que te libere de patrones antiguos, arraigados y automáticos.

3) Recuerda, los pensamientos no son hechos

 

 

Conocer con confianza las experiencias, en lugar de dejarse llevar por ellas, es una práctica que puedes aplicar en todas las situaciones. Es útil no solo en eventos cargados de emociones como en el caso anterior, sino también en situaciones que siendo insignificantes, podrían volverse más significativas si no se examinan.

 

 

Supongamos que has tomado la actitud de que las tareas que se te asignaron no son importantes o están infravaloradas. Pregúntate si te sientes así porque es verdad. ¿O te sientes así porque estás acostumbrado a decirte a ti mismo que es cierto que no puedes pensar en eso de otra manera?

 

 

Piensa aún más pequeño. Imagina algo tan rutinario como la forma en que colocas el teléfono en tu oído cuando suena. Al examinar realmente esta acción, aparentemente tan intrascendente, tan indigna de examen, sientes que es algo que estás haciendo por primera vez. Puedes detectar ansiedad bajando por tu brazo y tensión mientras levanta el teléfono. Experimentar de cerca las acciones cotidianas de esta manera te ayudará a devolver la elección, la atención y la conciencia a las cosas que habías permitido que se volvieran automáticas. Al abrirte al hábito más pequeño, haces posible romper los hábitos más grandes, que parecen más resistentes al cambio.

 

 

Cuanto más entiendes tu propia mente, más puedes entender la mente de los demás. Si llegas a comprender tu propio lenguaje corporal, puedes leer mejor el lenguaje corporal de los demás. La atención plena no te da una bola de cristal, pero tiende a aumentar tu empatía, tu capacidad de ponerte en el lugar de alguien con mayor comprensión. Mejora tu conexión con otras personas y te refuerza a medida que construyes relaciones. Ninguna acción, reacción, interacción o relación se percibe como falta de interés o inviable si se le aplica una mente curiosa. En realidad, puedes transformar esa sensación de “Vaya, aquí viene Juan, mi supervisor. Apuesto a que quiere que cambie otra vez de tarea” en “Aquí viene Juan otra vez” ¿Cómo puedo verlo y escucharlo, sin juzgarlo, como si estuviéramos interactuando por primera vez, solo lidiando con lo que surge en el momento?

 

 

4) Construye hábitos saludables

 

 

Para que la atención plena funcione en el trabajo, es útil tener una práctica formal de Mindfulness y prácticas informales que extiendan la atención plena a la vida cotidiana. La práctica formal implica aprender una meditación básica de Mindfulness, como seguir la respiración y practicarla en un horario regular, preferiblemente diario. La práctica informal, no menos importante, puede tener lugar literalmente en cualquier segundo del día. No implica nada más que enfocar la mente en lo que sea que esté sucediendo en el momento presente, fuera de los patrones desgastados que hemos desarrollado a lo largo de la vida.

 

 

Mindfulness interrumpe las respuestas condicionadas que nos impiden explorar nuevas vías de pensamiento, ahogando nuestro potencial creativo. Cada vez que nos enfrentamos a un hábito, ya sea mirando el móvil durante una conversación o reaccionando a la defensiva al comentario pasajero de un compañero de trabajo, debilitamos el control de nuestro condicionamiento. Establecemos nuevas vías en el cerebro y creamos nuevas conexiones sinápticas. En el futuro, es menos probable que adoptemos patrones que pueden atraparnos para quedar satisfechos con estrategias ineficaces y anticuadas. Tomamos medidas para mejorar no solo cómo estamos en el trabajo sino también el entorno laboral en sí.

 

 

De esta manera, Mindfulness no es solo algo personal. Tiene una calidad contagiosa que cambiará la cultura en una organización, no necesariamente de manera rápida y amplia, sino de forma gradual e incremental.