Cómo tu respiración controla tu estado de ánimo y tu atención.

Una nueva investigación explora la relación entre el ritmo y la intencionalidad de la respiración y las redes cerebrales involucradas en el estado de ánimo, la atención y la conciencia corporal.

 

B. Grace Bullock, PhD S

 

Reducir la velocidad y prestar atención a la respiración. Es lo que enseñan la meditación, el yoga y otras terapias para reducir el estrés: centrarse en el ritmo de nuestra respiración puede tener efectos positivos en nuestro cuerpo y mente. Un nuevo estudio en el Journal of Neurophysiology parece confirmarlo, revelando que varias regiones del cerebro, relacionadas con la emoción, la atención y la conciencia corporal, se activan cuando prestamos atención a nuestra respiración.

 

La respiración controlada implica inhalar y exhalar conscientemente de acuerdo con un ritmo establecido. Por ejemplo, puede inhalar contando 4, exhalar hasta 6 y repetir. Está sobradamente demostrado que los ejercicios de respiración con ritmo pueden, tanto centrar la atención, como regular el sistema nervioso. Sin embargo, hasta la fecha sabemos poco sobre cómo afecta a la función cerebral en los seres humanos.

 

Los resultados de esta investigación de los Institutos Feinstein de Investigación Médica (Manhasset, Nueva York , Estados Unidos) representan un gran avance. Durante años, hemos considerado que el tronco cerebral es el responsable del proceso de respiración. Este estudio ha revelado que la respiración acelerada también usa redes neuronales más allá del tronco cerebral y que están vinculadas a la emoción, la atención y la conciencia corporal. Al aprovechar estas redes utilizando la respiración, obtenemos acceso a una poderosa herramienta para regular nuestras respuestas al estrés.

 

Tu cerebro en respiración acelerada

 

En este estudio, los investigadores querían comprender mejor cómo responde el cerebro a diferentes ejercicios de respiración. Reclutaron a seis adultos que ya se sometían a monitorización EEG intracraneal para detectar epilepsia. (El monitoreo de EEG implica colocar electrodos directamente en el cerebro para registrar la actividad eléctrica y ver dónde se originan las convulsiones). A estos adultos se les pidió que participaran en tres ejercicios de respiración mientras se monitoreaba su cerebro.

 

En el primer ejercicio, los participantes descansaron con los ojos abiertos durante unos ocho minutos mientras respiraban normalmente. Luego aceleraron la respiración, a un ritmo rápido, durante poco más de dos minutos, mientras respiraban por la nariz, luego disminuyeron la velocidad a la respiración regular. Repitieron este ciclo ocho veces.

 

En el siguiente ejercicio, los participantes contaron cuántas veces inhalaron y exhalaron durante intervalos de dos minutos e informaron cuántas respiraciones habían tomado. Los investigadores monitorearon cuántas respiraciones tomaron los participantes durante cada intervalo, y observaron cuándo las respuestas eran correctas e incorrectas.

 

Por último, los participantes completaron una tarea de atención mientras usaban un dispositivo que monitoreaba su ciclo respiratorio. En él, vieron una pantalla de video que contenía círculos negros en diferentes ubicaciones fijas. Se les pidió que presionasen una de las 4 teclas del teclado, lo más rápido posible, cuando vieran que uno de los círculos cambiaba de negro a blanco.

 

Al final del estudio, los investigadores observaron cómo variaban las frecuencias respiratorias de los participantes en las diferentes tareas y observaron si su actividad cerebral cambiaba según la tarea que estaban haciendo. Descubrieron que la respiración afecta las regiones del cerebro, incluida la corteza y el mesencéfalo, más de lo que se pensaba anteriormente.

 

Manejo del estrés: ¿Está todo en la respiración?

 

Lo que encontraron fue una mayor actividad en una de las redes de estructuras cerebrales, incluida la amígdala, cuando los participantes respiraban rápidamente. La actividad en la amígdala sugiere que la frecuencia respiratoria rápida puede desencadenar sentimientos como ansiedad, ira o miedo. Otros estudios han demostrado que tendemos a sintonizarnos más con el miedo cuando respiramos rápidamente. Por el contrario, puede ser posible reducir el miedo y la ansiedad disminuyendo la velocidad de nuestra respiración.

 

El presente estudio también identificó una fuerte conexión entre la respiración intencional (es decir, el ritmo) de los participantes y la activación en la ínsula. La ínsula regula el sistema nervioso autónomo y está vinculada a la conciencia corporal. Estudios anteriores han relacionado la respiración intencional con la activación insular posterior, lo que sugiere que prestar especial atención a la respiración puede aumentar la conciencia de los estados corporales, una habilidad clave que se aprende en prácticas como el yoga y la meditación.

 

Finalmente, los investigadores notaron que cuando los participantes rastreaban con precisión su respiración, tanto la ínsula como la corteza cingulada anterior, una región del cerebro involucrada en la conciencia momento a momento, estaban activas.

 

En definitival, los resultados de este estudio sugieren un vínculo entre los tipos de respiración (rápida, intencional y atencional) y la activación en las estructuras cerebrales involucradas en el pensamiento, el sentimiento y el comportamiento. Esto plantea la posibilidad de que se puedan utilizar determinadas estrategias de respiración como herramienta para ayudar a las personas a gestionar sus pensamientos, estados de ánimo y experiencias.

 

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La Dra. B Grace Bullock es psicóloga, consultora organizacional, científica investigadora, educadora, autora y oradora motivacional. Artículo publicado en Mindful. Sep.19