Blog El Rincón de Mindfulness Regulando emociones

Suprimir tus emociones puede no ser tan efectivo como crees.

 

La inteligencia emocional (EQ) es un predictor clave de la salud mental. Nuestro EQ se refiere a nuestra capacidad de ser conscientes, regular y expresar nuestras emociones y de comprender y responder hábilmente a las emociones de los demás. Por ello, es un elemento que te cuida y protege, especialmente cuando se regulan las emociones más intensas y difíciles. La puesta en marcha de la EQ no es algo que todos sepamos hacer de manera natural, pero se puede aprender y nutrir con estrategias respaldadas por investigaciones, muchas de las cuales incluyen Mindfulness.

 

Pero una advertencia: no todas las estrategias de regulación emocional son iguales. La supresión de las emociones, por ejemplo, consiste en “inhibir los signos externos de tus sentimientos internos”. A los profesionales en trabajos de alto estrés (médicos, policías, militares) a menudo se les enseña que la supresión emocional es una estrategia efectiva para la regulación emocional, a pesar de la abundante investigación que sugiere lo contrario. Los estudios han demostrado que suprimir las emociones, en realidad, pone en peligro tu salud y bienestar, tanto física como psicológicamente. La supresión emocional puede disminuir las expresiones externas de emoción, pero no la experiencia emocional interna. En otras palabras, la supresión no hace que la emoción desaparezca, solo permanece dentro de ti y causa más dolor.

 

Cómo regular, no reprimir, tus emociones

 

Cuando se trata de regular las emociones difíciles, hay dos formas en las que la mayoría de las personas responden: actúan o reprimen. Si actúas con una emoción fuerte, como la ira, lo más probable es que crees consecuencias indeseables en tus relaciones, tu trabajo e incluso tu rutina diaria. Actuar en un estado emocional difícil suele provocar más enfado e ira tu alrededor, en una cadena ascendente de dificultades. Pero las consecuencias de suprimir esas grandes emociones pueden ser aún más peligrosas. Entonces, si no debemos actúar poseídos por esa emoción, ni tampoco debemos reprimirle, entonces qué podemos hacer…

 

Lo que mucha gente no sabe es que hay otra forma de regular nuestras emociones: sentir la emoción en tiempo real.  A un determinado nivel de intensidad, las emociones son como ondas de energía, que varían en forma e intensidad, al igual que las olas marinas. Su naturaleza es la de surgir y desaparecer con bastante rapidez, como todos los fenómenos naturales. Cuando intentas interrumpir ese proceso, actuando o suprimiendo, suelen aparecer concecuencias adversas.

 

Trágica e irónicamente, los esfuerzos para “librarte de tus emociones”, a menudo, resultan en  un estado aún peor de rumiación, haciendo perseverar la emoción en un alto grado de intensidad. En otras palabras, seguirás pensando y reteniendo esas emociones que estás tratando de evitar.  La supresión se mantiene en el cuerpo y crea una serie de efectos posteriores, que incluyen ansiedad, depresión, enfermedades relacionadas con el estrés, e, incluso, abuso de sustancias y el suicidio.

 

Cómo puede ayudarte Mindfulness a no suprimir las emociones

 

Fundamentalmente, a través de la conexión consciente con tu cuerpo en el momento en que la emoción aflora. Cuando la emoción surge y se va formando esa ola, siéntela en tu cuerpo. Siente dónde y cómo se está manifestando, su intensidad y, especialmente, cúal es su efecto físico en tu cuerpo. Conecta durante unos instantes con tu respiración y, cuando estés presente, entra enti casa, tu cuerpo, y visítala para descubrir qué está ocurriendo, cómo te está afectando esa emoción.

 

Siente cómo se expande la ola, sin juzgarla, sin alimentarla con nuevos pensamientos. Sólo obsérvala, como crece, inunda una determinada zona de tu cuerpo y, si eres capaz de mantener por unos instantes más esa conexión,podrás entonces sentir como comienza a disminuir su dimensión, su fuerza… Solo observa y sentirás cómo, esa emoción tan tremeda e intensa, se va desvaneciendo.

 

Puede tratarse de ira, de dolor, de tristeza o, incluso, de euforia. Se trata de esas grandes emociones que, de vez en cuando, nos devoran pero que, en el entorno social actual, entendemos que debemos suprimirlas en nuestro interior, para así demostrar, a nosotros mismos y a las personas que nos rodean, que gozamos de una cualidad muy buscada: el autocontrol. Pero, como decíamos, debemos ser conscientes de que suprimir una emoción solo sirve para que acabe enquistada en nuestro seno, tapada pero preparada para saltar cuando menos esperemos o, peor aún, preparada para comenzar, poquito a poco, a devoranos internamente, centímetro a centímetro. Y, en ambos casos, nos encontrará en la mayor indefensión.

 

Cuando buscamos el autocontrol, lo que debemos encontrar es la autoregulación. No se trata de controlar la emoción sino de regularla, acompañándola para evitar que se intesifique y entre en un círculo vicioso de retroalimentación. Autoregular no es controlar o suprimir la emoción, es dejarla fluir, de manera consciente, hasta que, ella sola terminará diluyéndose o, al menos, mitigando mucho sus efectos.

 

Te invitamos a hacer la prueba la próxima vez que una de las llamadas grandes emociones te asalte. Recuerda: Respira, conecta con tu cuerpo, siente la intensidad de la emoción, dónde y cómo te afecta y obsérvala. Obsérvala sin juzgar, no encadenes pensamientos y no le alimentes con ellos. Respira y siente tu cuerpo. Siente como, poco a poco, esa emoción va perdiendo fuerza, hasta desaparecer de tu cuerpo. Solo entonces serás libre para responder a la situación que generó el estallido emocional. Solo entonces serás capaz de responder a ella y no de reaccionar.

 

 

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