Domemos la voz autocrítica

 

 

¿Cuántas veces al abordar un nuevo proyecto, al acercarnos a una nueva situación, al exponernos a desconocidos… no nos hemos oído a nosotros mismos cuestionándonos sin parar? Que si soy lo suficientemente inteligente, que si daré la talla, que si sabré articular mi discurso, que si caeré bien, que si soy un soso aburrido, que si me falta esto o aquello, que si no soy capaz… Parece que este monólogo crítico es especialmente pronunciado cuando empiezo algo nuevo. Y esa fatal pregunta que me asalta:  ¿Qué pensarán de mí?

 

El resultado es que acabo quedándome atrás, más pequeño, mirando y evaluando sin fin a mi competencia, mis oyentes, mis alumnos, mis colegas, mis compañeros, mis amigos… comparándome, llevando la cuenta de lo bien que lo hacen los demás… Y no me sumerjo en lo que acometo hasta que no tengo la total y perfecta confianza para hacerlo.

 

Quizás cuando tenga 70 años ya no me cuestiones o ya no me importe lo que puedan pensa de mí o el efecto que cause en los demás. Pero ese momento aún me queda lejos. Y el bucle continúa. Me pregunto, ¿las personas seguras de sí mismas se sienten así? Y ahí voy de nuevo, imaginando personas con una confianza a prueba de balas para decirme que yo no estoy a la altura.

 

¿Ser mindful puede ayudarme? Ceo que sí. Aquí os dejamos un ejercicio ideado por Mark Bertin[1], para confrontar esa crítica y cruel voz en tu cabeza. Durante las próximas semanas, practica en ser consciente de tu crítico interno en el día a día. Cuando asome, trata de reconocerlo, trata de identificarlo, con amabilidad. Ayuda mucho si le pones un nombre o un apodo.

 

Y durante esa semana, cuando ese “compañero de viaje” asome, pregúntate qué harías en ese preciso momento si el que te estuviera diciendo eso fuera una persona (amigo, familiar o, incluso, un desconocido…). Si alguien me dijera que no voy a dar la talla, qué le diría… seguramente le daría las gracias por su opinión y me iría enfadado, o le contestaría que el que no da la talla es él… Probemos a hace lo mismo con nuestro “amigo interno” y dejémoslo ahí plantado.

 

Pero como es más fácil decirlo que hacerlo, ¿por qué no un par de consejos para poner en práctica en esos momentos?

      1. Sin dejarte atrapar por el debate, cada vez que notes al crítico interno, haz una pausa.
      1. Inspira, reconoce la voz de la crítica y percibe, conscientemente, cómo te afecta emocional e, incluso, físicamente. ¿Dónde lo sientes? Reconoce esa experiencia sin necesidad de desterrarla o racionalizarla. Simplemente, “así es como me siento ahora: cansado, inseguro y enfadado”.
      1. Espira, suelta. En lugar de luchar contra ese juicio propio, míralo como lo que es , un pensamiento, y dirige tu atención a un lugar más útil. Concéntrate solo en la sensación de respirar, sin esforzarte ni forzar nada.
      1. Deséate lo mejor, como lo harías con un amigo cercano que lo está pasando mal. Siente la libertad, el alivio o la tranquilidad con cada exhalación, con cada respiración.

 

Reconociendo de forma consciente nuestra voz crítica, con amabilidad, damos el primer paso para abrirnos a la experiencia y sentir, en la respiración, cómo esa voz se diluye, mientras que nos abrazamos con compasión, mientras que avanzamos sin expectativas hacia el momento que, al principio, nos producía ansiedad.

 

 

 

[1] Mark Bertin es pediatra, autor, profesor y maestro de Mindfulness, especializado en neurodesarrollo conductual pediátrico.